1980 - 1990

llega directora de impuestos

Semblanza de la doctora Alba Lucía Orozco - Rodrigo Monsalve Tejada

Disfruto del inmenso privilegio de contarme entre el numeroso grupo de amigos y admiradores de la muy prestigiosa profesional, egresada de la centenaria Universidad Libre de Colombia, donde con las máximas notas académicas, producto de su asombrosa inteligencia, obtuvo con gran merecimiento su título de Doctora en Derecho y Ciencias Sociales y Políticas, destacándose durante su prolífica trayectoria, como una de las máximas conocedoras de la tributación, no solo en el campo nacional sino internacional, ya que luego de ocupar en el país la máxima organización, en la entonces Dirección General de Impuestos Nacionales, y la Comisión Nacional de Valores, pasó a asesorar los gobiernos de Ecuador, Perú, Nicaragua y Venezuela.

Además de los múltiples cargos desempeñados con lujo de competencia en el sector público y en la empresa privada, también se ha ocupado de actividades docentes, tanto en la cátedra universitaria en diversas universidades como en la autoría de libros sobre temas tributarios, los que han servido de guía a muchas generaciones de profesionales, entre los cuales disfruta de un sólido y merecido prestigio nacional e internacional.

En el campo personal, en lo que al suscrito concierne, ha constituido para mí un especial motivo de orgullo el haberla conocido desde hace más de 50 años, durante los cuales me ha dispensado una atención especial a través de sabios consejos y orientaciones que han contribuido a mi desarrollo profesional, lo que ha generado un sentimiento de entrañable afecto, admiración y perenne gratitud.

Panegírico

Conocí a ALBA LUCÍA OROZCO (La doctora Alba Lucía) en el año 1982 cuando me desempeñaba como jefe de Liquidación de la Administración Regional de Cali, y ella como Directora General de la DIN (Dirección de Impuestos Nacionales). Inmediatamente comprendí que no se trataba de una mujer de las que ahora nos dicen sometidas por los hombres y el machismo, sino de un ser humano de cualidades excepcionales no solo para su época sino también para la actual.

No me equivoco al resaltar que fue la primera mujer designada a ese cargo, y no lo fue por esa condición, sino por su inteligencia, carácter y rectitud. Durante el desempeño como jefe del ente fiscalizador se tramitaron bajo su orientación, varias de las reformas y leyes tributarias más significativas que ha tenido el país, entre ellas el actual Estatuto Tributario Nacional que puso orden en la anárquica maraña legislativa que existía en la época.

Quienes trabajamos con ella prontamente nos dimos cuenta de su aprecio sincero por los servidores de carrera, es decir por aquellos que dedicaron como ella misma, años a servir al estado con lealtad. También comprobamos su decidido apoyo y promoción de los jóvenes, a quienes preparó para que la sucedieron en el cargo, permitiendo una continuidad de políticas que redundó en un gran avance de la institución.

Yo mismo, como otros muchos de quienes fuimos sus compañeros de trabajo, no nos pesa confesar la gran influencia que recibimos de Alba Lucia en formación profesional y personal, de modo que creo haber conseguido ser un mejor profesional, ciudadano, y persona. Si este tipo de influencia es la que define el liderazgo, Alba Lucía fue y es una GRAN LIDER y una GRAN MUJER.

¡Feliz Cumpleaños!

Jaime el de Julia

Por siempre ALOT

Treinta y siete años es testimonio de toda una vida, te conocí de cerca en tus luchas contra la corrupción y la politiquería, con un sentido pragmático y con criterio dialéctico heredado de las contiendas juveniles de confrontación libertaria.

Me tendiste la mano, por sugerencia de tu asistente Mónica “la negra”, yo odiaba los impuestos pero junto a ti aprendí el criterio para entender la ley y el papel de la administración.

Fuiste la líder del proceso de construcción de una moderna administración tributaria, simplificación para los asalariados, nuevo sistema de retenciones, eliminación de paz y salvos y trámites burocráticos.

Por encima de ello tu entereza y rectitud para enfrentar los problemas; amiga de los amigos, fuiste mi guía y apoyo en el enfrentamiento con el propio estado en el caso INCEL. Siempre fuiste mi consejera en aquellos casos que se salían de mis posibilidades, tu palabra serena y pragmática fue una útil guía en la solución de los problemas.

En el ejercicio profesional independiente, has sido una colega leal y solidaria, con quien aprendimos la confianza de consultarnos los casos complejos que cada uno atendía, así tuviéramos la solución, era la posibilidad de contar con una opinión inteligente que validara nuestro criterio y nos diera seguridad.

Miré con admiración toda tu dedicación para darle a la Fercha las posibilidades para su pleno desarrollo, sin egoísmos y respetando su libertad. Debes estar orgullosa de lo que lograste.

Al cumplir tus ochenta años, plena y con conciencia, siento una enorme alegría poder celebrarte diciendo que he admirado tu vida, el camino seguido y la huella que dejas, ha cumplido con creces tu papel en el tránsito por este mundo.

Por siempre ALOT, tu amigo de corazón y de vida.

Fernando Zarama. Noviembre de 2020

Una gran amiga - Gustavo Cote

Corría el año 1984 cuando gracias a la intervención de Lucila Reyes Duarte, en ese entonces Tesorera General de la Nación, tuve la fortuna de haber sido seleccionado por Alba Lucía para integrar un grupo de asesores de su despacho de Directora de Impuestos Nacionales, distribuidos en las diferentes regionales. En nuestra primera reunión me sorprendió su dinamismo y criterio gerencial, así como su visión de futuro al advertirnos, con su gratísimo tono paisa y su personalidad que denotaba un liderazgo arrollador, que íbamos a tener un sueldo representativo, pero no tendríamos oficinas elegantes, ni secretarias, ni auxiliares para sacar fotocopias, y que nuestra única tarea a asumir directamente era la de dedicarnos a conocer la administración tributaria para colaborar en su transformación.

Con el tiempo y la interacción periódica a raíz de nuestros viajes desde Bucaramanga a rendir reportes de nuestras labores, fue creciendo en mi una gran admiración por su esfuerzo permanente de dejar huella de su labor. Cuando llegué a radicarme en Bogotá y a integrar el equipo directivo de impuestos que había sido estructurado bajo sus luces y orientaciones, sus consejos constantes permanecieron llegando en bien de la concreción de la trascendental labor encomendada. Nunca podré olvidar el justo regaño que todos recibimos, cuando con toda la franqueza que siempre la ha caracterizado nos decía a raíz de nuestro retiro colectivo de la entidad, de como no entendía, que hubiéramos llegado a sentar las bases para la integración de impuestos y aduanas en la DIAN, pasando por la moralización de las dos administraciones, su profesionalización, la integración de todos a una carrera administrativa adoptada con criterios de modernidad, el mejoramiento de la remuneración, para dejar todo de lado. Sus consideraciones nos llevaron a reflexionar y precisamente a buscar que la mayoría de quienes ejercían los cargos directivos en el país desistieran de sus renuncias. Recuerdo igualmente toda su alegría cuando llegue a ser director general de la DIAN, pues en cierta forma mi designación en el cargo era una especie de reconocimiento a todo el equipo por ella liderado y al esfuerzo que en su momento habíamos realizado.

En Alba Lucía he encontrado no solo a la compañera de trabajo que siempre ha estado dispuesta a colaborarme de la manera más desinteresada, sino a una persona de excepcionales condiciones humanas. Su agudeza y claridad mental en el análisis de las normas legales y de los casos en estudio, son dignos de admirar y modelo a emular por quienes compartimos con ella estas actividades intelectuales y profesionales. Ella es un ejemplo admirable de lo que es ser un excelente miembro de familia. Como madre siempre manifiesta en una u otra forma los sentimientos más profundos frente a quien ha sido la razón de su vida, su hija Alba Fernanda. Además, en el ejercicio de su actividad profesional ha sido constante la integración de varios de sus familiares entre sus colaboradores más cercanos.

Solo queda por decir, muchas gracias a Alba Lucía por haberme permitido conocerla y por honrarme como uno de sus mejores amigos. Un fuerte abrazo en tu cumpleaños.

Gustavo Humberto Cote Peña. Bogotá D.C. octubre de 2020.